4 de junio de 2009

Controlar la ira

Por estos días, la ira, la agresividad y las reacciones violentas que solemos experimentar mientras manejamos son cada vez más frecuentes, y según recientes estudios tienden a aumentar. Estos hábitos adquiridos en la infancia se incorporan durante los viajes que los niños realizan en el asiento trasero, cuando observan la forma en que sus padres, como conductores, se comportan y reaccionan frente a variadas circunstancias. Pero hay que tener en cuenta que esos modos de conducta no sólo distorsionan la apreciación de lo que es realmente peligroso sino también inculcan en los chicos un modelo agresivo de conducción como norma.

Hoy cada vez es más habitual escuchar hablar del road rage (ira en los caminos), concepto que explica la conducta violenta y agresiva de ciertos conductores hacia otros pares. Existen diferentes grados de ese tipo de conducta. Son conocidos los casos donde un conductor es capaz de perseguir a otro por cuadras enfurecido para hacerle notar un error que cometió. Una reacción así puede terminar en un simple intercambio verbal, pero también hasta en una pelea con armas blancas.

Otros ejemplos de cómo se expresa la ira mientras se maneja es desacelerar para no dejar pasar a conductores que deciden ir mas rápido que nosotros; encerrar a otros vehículos o conducir casi 'pegado' al vehículo de adelante, por mencionar sólo algunos.

Si bien en mayor o menor medida en algún momento todos nos hemos vistos inmersos en situaciones de manejo donde nos resultó difícil controlarnos, son en general los conductores varones los que tienden a expresar la agresión de manera más abierta, sobre todo los más jóvenes. Las razones por las cuales varones y mujeres son presos de una situación de agresión también difieren. Se cree que una respuesta desadaptada puede provenir por causas tales como la fatiga, el estrés, preocupaciones o presiones por llegar a horario a alguna cita, entre otras. Existen técnicas que sirven para controlar y dominar efectivamente las emociones frente al volante, pero, bien vale resaltarlo, también es necesario un cambio de actitud.

Los conductores dependemos fuertemente unos de otros para coordinar nuestras acciones. Responder de manera emocionalmente inteligente ayudará a reflexionar sobre nuestras limitaciones y reconocer nuestros puntos débiles. Una capacitación adecuada en este sentido puede contribuir efectivamente a evitar este flagelo que es la ira en nuestros caminos.
¿Te invade la ira mientras manejás? Dejanos tu mensaje.

El grado de atención se puede mejorar

Los avances registrados durante las últimas décadas por los estudiosos de la funciones cognitivas han permitido una mayor compresión sobre el funcionamiento de la mente y el por qué del comportamiento de las personas. Algunos de los aspectos involucrados en ese proceso, como la capacidad de atención, estrechamente ligada con la habilidad para resolver problemas y tomar decisiones, son de singular importancia, ya que nos ayudan a entender un poco más la psicología del conductor.
Se denomina grado de densidad de la atención a la capacidad que tiene una persona para focalizar su atención sobre un evento particular en un período de tiempo determinado.
Mantener la correcta distancia de seguimiento cuando conducimos, apelar a la anticipación en todo momento frente al volante y frenar de manera segura son, entre muchas otras, acciones que contribuyen a un buen desempeño durante el manejo y que también demandan un determinado grado de atención. En ese sentido, una capacitación adecuada indudablemente mejorará las habilidades que tiene un conductor, generando conductas y prácticas cada vez más seguras y positivas. En consecuencia, éstas demandarán un aumento del grado de la atención requerida para realizar dichas funciones de manera óptima.
Según el profesor Néstor Braidot, de la Universidad Abierta Interamericana, una adecuada densidad de atención modela el cerebro, reforzando circuitos neuronales específicos de la corteza donde está implicada la capacidad de planificación, resolución de problemas y toma de decisiones. Así, cuanto mayor sea el grado de concentración sobre una actividad o idea mayor será la densidad de atención. Y a mayor entrenamiento, mayor aumento de las capacidades cognitivas, en este caso la atención, tan necesaria para una conducción segura.
Todas estas habilidades, que normalmente no se tienen en cuenta a la hora de conducir un vehículo, son de vital importancia. Ocurre que el manejo es una actividad psicomotriz compleja, entrenable y fuertemente influenciada por las emociones y pensamientos. Y si bien hoy en día se necesitan más investigaciones para entender mejor la forma en que la atención es requerida para facilitar cambios a largo plazo en la conducta de los individuos, la mejora en los resultados es ya un buen indicador de los progresos hechos en esta disciplina.

¿Manejás atento?