Últimamente se han desarrollado una variadísima gama de accesorios que complementan la tarea del conductor y si de algo podemos estar seguros, es que con el tiempo serán más habituales. Inicialmente los airbag o los frenos antibloqueo eran exclusivos de las gamas más altas de vehículos, mientras que hoy son casi esenciales. Esto es una constante en el tiempo, los vehículos actuales no se parecen mucho a los de hace un siglo y debemos acostumbrarnos a ello porque los cambios son progresivamente más vertiginosos.
Sin embargo pasar de asimilar y utilizar correctamente nuevas tecnologías a determinar que un vehículo es algo inteligente resulta precipitado. Por supuesto que una computadora puede registrar variables, hacer cálculos con ellas, determinar las respuestas más adecuadas y ejecutarlas en tiempos y con exactitudes incomparables para nosotros, pero no podemos olvidar que todas esas respuestas, surgen de una programación previa y que por lo tanto no se trata de algo realmente pensante sino apenas de una herramienta que responde más rápida y precisamente ante condiciones preestablecidas.
Tomemos por ejemplo los controles electrónicos de velocidad y distancia, también conocidos como Cruise Control o, como algunos prefieren llamarlos, “control inteligente de velocidad”. Estos sistemas, utilizan diversos métodos para analizar la cercanía de otros objetos o vehículos entre otras variables. Limitándose a analizar esos parámetros y en base a un criterio determinado, actúan automáticamente manteniendo la velocidad del vehículo, independientemente de las condiciones del camino, la ajustan evitando acercamientos peligrosos. Lamentablemente, los parámetros analizados pueden resultar suficientes en el común de los casos, pero sabemos que a diario nos encontramos con hechos que se apartan de esa línea y requieren respuestas específicas. Coinciden los especialistas sobre este accesorio, en que bajo determinadas circunstancias constituye más un peligro que una ayuda, a tal punto que algunos se desactivan al detectar ciertas condiciones, como lluvia o acotados rangos de velocidad. Ahora, ¿resulta posible estar absolutamente seguros de que la programación del sistema incluye todos los posibles escenarios que puede afrontar el vehículo durante la marcha? ¿Pondría alguien en riesgo una vida conociendo esto? El desconocimiento o la mala información pueden poner a un conductor en situaciones desfavorables. Decirle a alguien, que no necesariamente cuenta con conocimientos tecnológicos, que su auto es inteligente y que siempre va a mantener una distancia segura con otros vehículos sin darle suficientes detalles, suena (siendo indulgente) como una gran falta de responsabilidad.
Este dispositivo es muy útil, aporta un importante grado de comodidad al conductor, no se cansa ni distrae como él, reduciendo así la
fatiga, importante generador de accidentes. Pero el conductor debe tener perfectamente claro que puede enfrentarse con hechos que el Cruise Control no será capaz de resolver, que lo único inteligente en la conducción del vehículo, al menos por ahora, sigue siendo el conductor. Por lo tanto, si bien resulta práctico utilizar el control de velocidad, bajo ningún punto de vista puede dejar de prestar atención a lo que sucede. Es el conductor quien controla al sistema y no al contrario, como se suele insinuar.
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